He vivido una tarde bajo el desamparante sol, he asistido a dos entierros. Bajo la tierra dejé a mi primer padre y en la nada ha desaparecido mi primer amor.
Si he de ser justa no podría llamar primero, ni padre, ni amor a lo que he perdido. Si de justicia se tratase no habría de ser ésta la noche en que sigo llorando dos muertes... -si se me pidiese la verdad, tendría que decir que sólo hubo un silencio tiempo atrás-. Sin embargo lo que tengo es lo que vi esta tarde: un reflejo de mí misma, una sombra parecida a lo que era mi cuerpo... perdida, vacía... lugar donde no hubo una sola lágrima derramada para aquel cuerpo recostado frente al cielo... -en el silencio ahogué esas lágrimas... en silencio murieron-.
La tierra me hubo de ayudar, cubrió de negro ese amor, sepultó lo que sin vida había quedado... Y cobijó... la tierra abrazó a mi padre con ternura. A ella agradezco, en ella entierro.
¿Por qué llegaron juntas las pérdidas, por qué se almacenaron en el tiempo, por qué avanzó la misma peste en esos dos cuerpos? Bajo el sol, en la tierra, en el espacio y tiempo de la inmensa nada se quedaron las preguntas... en la nada se ha extinguido lo que tal vez no brilló jamás... habrán sido espejismos? Habrá sido algo sencillo?
Ahora, en este cementerio permanezco de pie, de aquí me he de alejar paso a paso. Mi padre irá conmigo mientras que aquéllo que no era amor tiempo ha que yace en el olvido. Por ahora se necesita silencio, tal vez así las lágrimas rueden, tal vez así los reflejos sanen. Para siempre dejo aqui un muerto... De mi primer padre... imposible despegarme... aún cuando ahora no le logre oir una palabra más.
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