La mañana de ayer estaban dos hermanas, cuyos nombres no mencionaré para dejar un poco de suspenso a usted, mi apreciable lector, haciendo algunas lecturas y anotaciones de fin de curso. La pequeña, una energumena de nacimiento capaz de confundir el este con el oeste y de levantarse lo mismo a las tres de la tarde que a las cuatro de la madrugada para leer sus temas filósoficos, estaba centrada en algunos resumenes de Hegel, en particular un librito que había recientemente conseguido: Lecciones sobre la filosofía de la historia universal (vaya nombre para uno que se dedica a leer cuentos interestelares). La mayor, placidamente bebía un cafe caliente mientras contemplaba las ilustraciones de un experimentado artículo que hacia revisión de la morfología de sus personajes favoritos en esto de las historias populares, en específico miraba la imágen del ridículo extraterrestre hortaliza.
Todo parecía normal, ambas ignorándose a respetuosa distancia. Una haciendo su apasionada lectura y muchas notas de puño apretado y la otra pasando la mirada, capítulo a capítulo, por las imágenes de su libro fino. Entonces una rompió el silencio (no es necesario mencionar quién fue, pero lo haré), la pequeña pidió consulta a la otra para la revisión de acentos y comas en lo que llamaba "comentario" de su lectura.
La mayor, persona bastante amable, dijo que no habría problema. Leyó el texto, agregó algunos acentos y borró otras tantas comas y al final, agradeció la lectura. "Muy sensato este tal Hegel", pensó.
La menor no concordó. Según ella este tipo era un obsesivo patológico y ese detalle de encontrar a un Dios como la objetivación de todo arte, cultura y finalidad universal parecía aberrantemente constrictivo para la humanidad. La otra pensó que era una idea muy saludable, una representación cultural de una idea común para todo homosapiens, una idea configurada como perfecta y estable daría pie a avanzar hasta el punto climático previo a la justa desaparición de la especie, bastante hermoso.
La menor hizo una gran mueca. Se limitó a agradecer las correciones y después explotó con un: "Hegel está loco, y tiene ojos de loco, igual que tú!". Hago la aclaración de que este tipo de comentarios eran de total naturalidad en su temperamento. La mayor comentó que las ideas eran muy buenas y le pidió su apunte para agregar algunas notas a su ensayo de culturas y contactos alienígenas.
La conclusión del evento se dio hoy por la mañana. Hegel es virgo, la hermana mayor es virgo, y de haberse conocido en alguna coincidencia temporal y espacial, hubieran tenido un detestable y monótono romance, un o dos hijos para posteriormente, tras algún gustoso y moderado coito, decir 'adiós'.
p.d. La hermana menor corresponde al signo vigoroso de aries.
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